Mi amigo J.R.A. me llamó haces unas semanas después de leer mis primeras publicaciones. Le impactó el vídeo y la grabación que hice en la casa en la que se aparecía los orbes en la escalera y estuvimos hablando largo y tendido sobre este tema y de algunos casos más del pueblo. La verdad es que no sé muy bien como definir lo que os voy a contar, pero gracias a mi amigo conozco algo de él que me ha sorprendido. Seguro que lo conocéis, pero no lo sabéis lo que le ocurrió hace 10 años.
Ocurrió una noche de verano del 2010. J.R.A. estaba jugando en la calle con otros amigos y vecinos del barrio hasta que llegó la hora de volver a casa. Mientras cada uno se iba despidiendo de los otros, J.R.A. prefirió dar un pequeño paseo con otro amigo, ya que comenzaron a hablar sobre fantasmas y la conversación le estaba resultando interesante. Este amigo, (un chico de San Sebastián que venía todos los veranos a ver a sus abuelos) le comenzó a hablar de una casa cercana a la que le parecía ver una silueta cada noche mirando por la ventana, pero que sus abuelos le decían que era imposible, ya que allí hacía muchos años no habitaba nadie. J.R.A., le pareció un historia intrigante, por lo que se fue con este amigo a que le enseñara qué casa era.
Al llegar (por razones de privacidad, no voy a decir donde está) le estuvo explicando cómo era la silueta y a partir de en qué momento aparecía, porque, parece ser, esa presencia solo era visible a cierta hora de la noche: A las 00:28 horas exactamente.
Como ya era muy tarde para los dos, se tuvieron que ir sin poder quedarse a verlo. Pero su amigo, al estar la casa de sus abuelos a tan solo unos escasos metros, le prometió hacer todo lo posible para realizar una foto en cuanto apareciera.
A la mañana siguiente, cuando quedaron los dos amigos para hablar de lo de la noche anterior, le dijo que no pudo hacer la foto porque esa presencia no apareció. Y le pareció muy raro, por que siempre lo veía. Y Y así, día tras día, después de prometerle tantas veces de hacer fotos a aquella figura que siempre veía, J.R.A. comenzó a sospechar si lo que le decía era cierto, por lo que lo dejó pasar y no volvieron a hablar del tema.
Terminó las vacaciones de verano y su amigo volvió a San Sebastián.
Aún con la duda de si aquella figura de la ventana era real, J.R.A. pasaba algunos días por delante de la casa a la espera de si podía ver con sus propio ojos lo que fuera aquello, aunque sabiendo que a plena luz del día no aparecía.
En una ocasión en la que tuvo que pasar por esa misma casa cuando se dirigía a hacer un recado, se quedó mirando la ventana. Pero, justo en el momento de girar la cabeza para continuar el camino, le pareció ver por el rabillo del ojo como si algo pasase de una lado a otro. Rápidamente volvió a mirar para corroborarlo, pero después de un tiempo observando no vio nada y continuó caminando.
Pasaron las semanas, los meses y cada vez que se acercaba a aquella casa, permanecía unos minutos observando la ventana, hasta que se aburrió y dejó de interesarse por el tema.
Al verano siguiente, volvió el amigo de San Sebastián a pasar unos días.
J.R.A. se olvidó completamente de la figura de la ventana, como si nunca hubiera ocurrido aquella conversación que empezó todo, hasta que el último día, su amigo llegó una mañana a su casa. Traía algo en sus manos: una foto. A pesar de la mala calidad, J.R.A. pudo ver la extraña figura de la ventana.
Después de aquello, J.R.A. se acercó varias noches a la casa para poder comprobarlo in situ, pero todas las veces que fue no llegó a ver nada.
Pasaron los años y J.R.A. de vez en cuando está presente a las 00:28 horas de la noche frente a la ventana. Algunas veces con amigos, otras veces solo. Hasta que, una noche, lo vio. A J.R.A. se le puso la piel de gallina (dicho por él mismo) y en ese momento sacó el móvil. La figura permaneció en la ventana por unos segundos, tiempo suficiente tomar todas las fotos que quiso. Y luego desapareció. Impactado, se fue para casa. Ya tenía una prueba más de que aquella figura aparecía como bien le dijo su amigo, y que era verdad. Pero, desafortunadamente, al revistar las fotografías no salía nada, solo una mancha borrosa justo donde estaba la figura.
Desde hace un tiempo para acá, su amigo no ha vuelto a venir al pueblo, pero si han tenido contacto en algunas ocasiones por móvil. Una de esas veces le preguntó si tenía más fotografías de la figura, y le contó que las quemó porque le daba muy mal rollo, y que lo único que podía hacer es estar a las 00:28 horas para intentar hacerlas. Pero J.R.A. le dijo que era imposible. Esa figura desaparece al ser retratada.
A día de hoy, J.R.A. ha intentado hacer fotos para mostrar con claridad que esa presencia existe. De momento le ha sido imposible.
Espero que pronto pueda saber más de él y contaros como continua su historia.
Gracias por leer mis post.
¡Un abrazo!

Comentarios
Publicar un comentario